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Han transcurrido 15 años desde que conocimos a Kitty y, hoy, regresa con su compañero e hijo. Charlamos largo tomando un café, un encuentro en el que recordamos momentos compartidos, batalles libradas y sueños alcanzados…

Gracias Kitty por tu capacidad de resiliencia, por enseñarnos que es posible levantarse y empezar de nuevo.

Gracias, por manifestarnos lo que queda en ti del camino compartido y aquello que realmente es importante:

La acogida incondicional, transida de respeto, paciencia y confianza.
Percibir que creíais en mí y siempre estabais en los buenos momentos y en los no tan buenos …

Esos espacios de “familia” sí, las celebraciones, las fiestas, lo más cotidiano, las salidas…Tantos gestos y detalles.  ¡Cuántas risas y cuántas experiencias!

Y nos despedimos con un hasta pronto, agradeciéndonos la sorpresa de este encuentro.